Sistema de refrigeracion. (imagen: www.klipartz.com)

El motor de un vehículo debe mantener una temperatura promedio de unos 100 grados centígrados para poder aprovechar de manera óptima el proceso de combustión y entregar el desempeño esperado por su fabricante y su propietario.

Una temperatura de funcionamiento por encima o por debajo y de manera constante pueden generar problemas como el deterioro o destrucción de componentes que se funden por el exceso de calor o una inadecuada lubricación de las piezas en el trabajo cotidiano del propulsor cuando la temperatura no llega a la cifra indicada para su adecuado desempeño.

Y también, es esencial la preservación de las características, integridad y la operación del motor en los climas extremadamente bajos. En estas condiciones las piezas se pueden congelar y fracturarse, generando serios daños al conjunto motor caja que implican, casi siempre, el reemplazo total con un costo elevado.  

Por eso es de suma importancia la utilización de un adecuado líquido refrigerante que en su circulación por todo el sistema de refrigeración del motor se encargue de capturar el exceso de calor generado en la operación de la máquina y luego llevarlo al exterior para mantener la temperatura promedio en los niveles óptimos de funcionamiento; y también, gracias al rango de temperatura con el que puede trabajar- que arranca desde los -30 grados aproximadamente y puede superar los 130 grados centígrados-   evita que en los fríos extremos las piezas se congelen.

Hasta hace unas dos décadas el líquido que se usaba para ocuparse de este trabajo era el agua. Se trataba de motores que no alcanzaban temperaturas tan altas (100 grados o más) que es el punto de ebullición del agua. Pero con el desarrollo de la ingeniería y de los materiales para la construcción de las unidades de potencia en la construcción de los motores se comenzaron a utilizar aleaciones con mayor resistencia al calor y permitir así mayores desarrollos en cuanto al rendimiento y potencia que los vehículos pueden entregar.

Y estos nuevos motores también requieren un refrigerante que ofrezca un mayor nivel de protección y capacidad de extracción de temperatura de acuerdo con las mayores prestaciones y las mejoras que permiten utilizar materiales que soportan condiciones más exigentes. Es ahí cuando el agua deja de ser un elemento recomendado, además por los problemas de oxidación que generaba en los ductos del sistema de refrigeración en el mediano y largo plazo.

Aparece entonces el líquido refrigerante que, a diferencia del agua, soporta mejor las altas temperaturas y su punto de ebullición está muy por encima de los 100 grados centígrados a los que hierve el líquido básico y además su punto de congelamiento esta por debjo de 0 grados, permaneciendo liquido dentro del motor.

Consultado por Autotest el ingeniero Carlos Andrés Mora, de la firma Impocali, explica que gracias a que los sistemas de hoy son presurizados, es importante dotarlos de refrigerantes con tecnología glicol, un compuesto químico que tiene un punto de ebullición por encima de los 129 grados centígrados cuando se usa 50/50, con lo cual se le permite al motor operar a la temperatura ideal de funcionamiento determinada por el fabricante.

También señala que los líquidos refrigerantes modernos no tienen metales y tienen propiedades anticorrosivas, antiespumantes y detergentes que ayudan a mejorar la eficiencia del sistema y conservar su vida útil más tiempo

Y si usted se pregunta por qué los líquidos refrigerantes actuales se caracterizan por tener unos colores fuertes,

fosforescentes,  como el rosa o el verde, la respuesta es que este color sirve como una alerta inicial, un llamado de atención, que al ser detectado está indicando que el sistema puede tener fugas y es necesario entrar a una revisión profunda para detectarlas y corregir el daño, evitando así que se pierda el líquido y en el mediano y largo plazo el motor se recaliente.

Este líquido refrigerante debe cambiarse aproximadamente cada 40 mil kilómetros siempre y cuando no se observen en las revisiones periódicas al vehículo aspectos extraños en su composición o simplemente una reducción muy rápida de sus niveles lo que implicaría también una revisión del sistema en general para detectar fallas o fugas.

Cuando vaya a comprar o vender un carro usado una de las revisiones importantes que debe hacerse es la del circuito de refrigeración, y en Autotest, los técnicos especialistas pueden entregarle un diagnóstico del mismo para que su transacción sea totalmente transparente e informada.

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